viernes, 19 de junio de 2015

DALE LA MEJOR BIENVENIDA A TU BEBÉ


Muchas personas no conocen la diferencia entre los términos “parto” y “nacimiento”, englobando ambos como un único concepto. Pero hay una gran diferencia si tenemos en cuenta que el parto es la experiencia vivida por la mujer y el nacimiento lo que vive el niño. Evidentemente, son experiencias muy distintas dentro de un único momento inolvidable para ambos.

Pero, ¿te has planteado alguna vez qué supone el nacimiento para el bebé? ¿Qué siente en el momento en el que abandona su hogar, el único lugar conocido para él hasta ese momento, para entrar en el mundo que habitamos todos los nacidos?

Por supuesto que, siendo un momento tan trascendental, probablemente el más importante de nuestras vidas, suponga para el bebé una vorágine de sensaciones. Pero, pongámonos en su lugar para intentar imaginarlo y de esta forma poder acercarnos a brindarle el nacimiento más cómodo y beneficioso para él.

Empecemos por el entorno en el que se desarrolla el proceso del parto (¡y el nacimiento!)…

En abril, del 2011, se publicó un artículo titulado “Cómo influye el espacio físico en el proceso del parto”, en el blog de El Parto Es Nuestro:

El artículo iba acompañado de estas dos fotografías mostrando dos salas de parto en dos hospitales públicos diferentes, en el año 2010.


Decía lo siguiente:

Todos entendemos lo que significa un restaurante con un ambiente acogedor: luces tenues, confort acústico, decoración agradable, materiales cálidos, etc.

En el caso del parto, la atmósfera a conseguir es la tranquila, suave, agradable, en la que se pueda desarrollar sin interferencias un acto íntimo y sagrado, como es el nacimiento de un bebé, y el parto de la madre. Nuestros hospitales, en los que se producen la gran mayoría de los partos en España, resuelven de la misma manera los espacios de maternidad que los de hemodiálisis o neurocirugía, es decir, suelen ser espacios que resuelven bien problemas como la accesibilidad de los profesionales, la máxima iluminación que requieren las intervenciones estándar, y los materiales que resultan “hospitalariamente aceptables”: mucho acero inoxidable, mucho vidrio, mucho azulejo. El cambio necesario es el de entender que el proceso que se produce en un parto y un nacimiento es un proceso saludable, que la madre es una mujer sana, que se enfrenta a un proceso sano, y por tanto, los condicionantes deben también tener en cuenta estas premisas. Ante todo una mujer de parto se tiene que relajar para poder dilatar, para abrirse literalmente, y esto requiere de un ambiente adecuado.

Junto a tu comodidad y seguridad, busquemos lo mismo también, y sobre todo, para el bebé. Aportando todo lo que esté a nuestro alcance para darle la bienvenida más cálida y confortable posible.


Para ponernos “en la piel” del bebé por nacer, recordemos que toda la información que entra en el sistema nervioso lo hace a través de los sentidos. Repasemos éstos uno a uno para comprender la trascendencia de este momento sagrado del nacimiento.

Ya que hemos mencionado la piel, empecemos por el tacto. Imaginemos qué siente el bebé cuando aún está en el útero, qué sensaciones táctiles tiene… Calor, suavidad al estar en contacto con el líquido amniótico y el cuerpo de mamá. Jamás ha experimentado un cambio de temperatura, un entorno seco, ni el contacto con superficies lisas, duras e inertes. Durante nueve meses, es poco probable que haya sentido dolor o incomodidad a través de su piel.

Pero este universo de sensaciones táctiles placenteras que él conoce bien, desaparece de golpe al salir por el canal del parto. Lo más natural y beneficioso para el bebé es permitirle habitar inmediatamente el lugar más parecido al vientre materno: el cuerpo de su madre en contacto piel con piel.

Los procedimientos que deban efectuarse al bebé recién nacido, se realizan ya en muchos hospitales con el niño sobre el pecho de mamá. Cuidados como la identificación del recién nacido y el test de APGAR son posibles en este contexto de piel con piel, y el resto de los procedimientos como la medición de peso, talla y perímetro craneal, podrán llevarse a cabo más tarde, respetando la “hora sagrada” de unión y vinculación con el bebé tras nacer.

Afortunadamente, son muy pocos los casos en los que un recién nacido no pueda estar piel con piel con su madre.

Tapando al bebé con una manta o toalla, y estando pegado a tu pecho, podrá mantener una temperatura adecuada, lo más parecida a la que ha conocido hasta entonces.

La piel es el órgano de los sentidos más grande de todo el cuerpo, pues lo recubre por completo. Es también una de las fuentes más importantes de información sensorial y tiene un gran impacto en el desarrollo cerebral y el estado emocional. Cuidar las sensaciones táctiles de tu bebé ayudará a que se encuentre más tranquilo y relajado, y de esta forma, pueda desarrollarse plenamente.

Debajo de la piel contamos con sensores en los músculos, tendones y articulaciones que envían información al cerebro sobre nuestro cuerpo. Es el sentido interno llamado “propiocepción”. En el útero, el bebé se encuentra en un espacio confinado que estimula su cuerpo constantemente. Esto es así especialmente en los últimos meses de embarazo debido a su tamaño y es a lo que el niño está acostumbrado cuando llega el momento del nacimiento.

Durante el mismo, el hecho de pasar por un espacio tan reducido y apretado como el canal del parto (en el caso de un parto vaginal), supondrá para el bebé una de las mayores estimulaciones propioceptivas que experimentará jamás, ofreciendo gran cantidad de información a su cerebro y derivando en una abundancia de conexiones neuronales.

Es posible que el trabajo de nacer conlleve cansancio y momentos de angustia y estrés para él, pero la restricción del espacio con la cual ha convivido durante meses, le proporciona tranquilidad y seguridad. Y la falta de esta “contención” al nacer se traduce en una tremenda sensación de inseguridad y desamparo. De nuevo, la experiencia de ser colocado sobre el pecho de mamá, en pleno contacto contigo inmediatamente después de nacer, ayudará al bebé a calmarse de nuevo, encontrando límites que lo cobijen en la inmensidad del espacio al que acaba de llegar.

Nunca sobran los brazos y los abrazos para un niño recién nacido, tampoco lo harán después…

Junto al propioceptivo, contamos con otro sentido interno muy importante: el sentido vestibular. Éste se ocupa de enviar información al cerebro de la posición del cuerpo. Se encuentra alojado en el oído interno y nos ayuda a mantener la postura y a luchar contra la fuerza de la gravedad, por lo que nuestro equilibrio depende de él directamente. Es uno de los primeros sentidos en entrar en funcionamiento en el útero materno y está completamente mielinizado en el nacimiento. Esto significa que el bebé nace con un sentido vestibular ya maduro gracias a las experiencias que ha tenido con su propio movimiento, pero también gracias a la estimulación que han supuesto tus movimientos, mamá.

Durante nueve meses se ha entrenado como un buen gimnasta, ensayando movimientos con todo su cuerpo, aprovechando especialmente los ratos en los que tú buscabas tranquilidad. En otros, cada vez que te movías, disfrutaba de un plácido vaivén, un mecimiento precursor del que le ofrecerán los brazos cuando haya nacido.

Al nacer se ve sometido por primera vez de forma plena a la fuerza de la gravedad. El bebé se sentirá de repente empujado contra la superficie sobre la que se le coloque y los movimientos que había ensayado durante tantos meses, le resultarán tremendamente difíciles dado el peso que adquiere todo su cuerpo. Son los adultos presentes los que decidirán si el recién nacido ha de experimentar la fuerza de la gravedad contra una superficie dura, fría y sin vida, o sobre la superficie más cálida, suave y familiar que huele a hogar. Esta decisión determinará el lugar que le da la bienvenida al mundo.

Una bienvenida que depende también del hecho de que se le permite acceder a tu cuerpo inmediatamente tras nacer, sin antes zarandearle sin cuidado de un lado para otro. Esto podría suponer una estimulación vestibular aterradora para tu pequeño.

Por suerte, hoy ya no se pone al bebé boca abajo o se le da una palmada en la espalda o una nalgada para que llore. No todos los niños lloran al nacer, algunos se encuentran muy cansados tras el nacimiento o se calman si se les coloca de forma inmediata sobre el cuerpo de mamá.

El bebé nace con un sentido del olfato muy desarrollado. Ha vivido hasta ahora en un ambiente acuoso en el que saboreaba el líquido amniótico con diferentes matices según lo que comías, pero nunca había podido oler tal como lo hacemos nosotros. De un momento para otro, llega a un entorno lleno de olores que no son, precisamente, de lo más agradables en una sala de partos.

Una prueba del buen olfato del recién nacido es su capacidad de arrastrarse hasta el pezón materno cuando le colocan sobre el cuerpo de mamá. Es el olor lo que le guía hacia el alimento (el calostro y la leche materna tienen un sabor parecido al del líquido amniótico). Mamá, por favor no te pongas perfume para el gran acontecimiento del nacimiento de tu bebé, ni lo hagas durante un buen tiempo después tampoco. El bebé necesita que su nuevo “hogar” huela familiar, sea algo conocido que le dé seguridad y le ofrezca el confort que necesita tras una experiencia tan nueva y tremenda como es la de nacer.

Unido a la suavidad, calor y olor del cuerpo materno, lo que mejor reconoce el bebé recién nacido es la voz de mamá. No en vano ha estado escuchándote todos los días durante al menos cinco meses. También ha escuchado otros sonidos como los producidos por tu digestión y tu corazón. Mamá, ponle cerca de tu pecho, hacia el lado izquierdo para que este sonido tan conocido le aporte tranquilidad.

La naturaleza es sabia y hace que el recién nacido nazca con restos de líquido amniótico en sus oídos. Esto lo protege de alguna manera contra los fuertes ruidos fuera del útero. Pero el niño no está acostumbrado a la escucha en un ambiente aéreo y de pronto se verá rodeado de voces y sonidos que le son desconocidos, algunos que incluso pueden asustarle. Cuidar de ofrecerle un espacio silencioso es importante, pero en cualquier caso, es una prioridad permitirle escuchar tu confortadora voz cuanto antes. Háblale y cántale las canciones que cantabas durante tu embarazo, sin duda las reconocerá.

Cuando lo hagas, teniéndole cerca de tu pecho, es muy probable que el niño te mire a los ojos. No siempre ocurre, pero cuando es así, se convierte en una de las experiencias más maravillosas del parto y uno de los más bonitos recuerdos. Tu hijo estará viendo tu cara por primera vez. Si no lo hace en esta ocasión, lo hará en otra en la que abra los ojos para mirarte y dejar bien claro que a partir de ese momento, serás lo que más le interesará observar del mundo.

Tengamos en cuenta que el niño ha vivido hasta ahora en un lugar sin luz. Los científicos han demostrado que la visión del recién nacido está mucho más desarrollada de lo que se creía. Hoy sabemos que ve mucho más que sombras, pero sus ojos han de irse adaptando a un nuevo lugar lleno de luz y estímulos visuales.

El bebé sabe cómo nacer, y salvo en ocasiones excepcionales, no necesita de nadie que gire y tire de su cabecita, ni de un potente foco de luz que lo reciba nada más salir a la vida fuera del útero. Un ambiente de luz tenue sería lo más adecuado para él.

La vida es ya lo bastante dura como para que tengamos que recibir a nuestros hijos con estridentes luces, sonidos, olores, sensaciones frías o dolorosas y movimientos bruscos. Y todo ello lejos de lo único que le garantiza, como a un pequeño cachorrito, su supervivencia: mamá.

Al igual que el único lugar seguro para tu bebé antes de nacer es tu cuerpo, así lo será también después. La adaptación a la vida ha de ser paulatina, muy suave y pensando siempre en su bienestar. Son unos meses, hasta que vaya ganando poco a poco independencia y autonomía. Cuanto más satisfagas sus necesidades de dependencia al principio, más independiente logrará ser en el futuro. Tu cuerpo es lo que necesita para crecer sano y desarrollarse como una personita confiada y feliz.



Rosina Uriarte

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